La Economía Circular Vista por Antoine Frérot, CEO de Veolia

Global Bioenergies, una nueva empresa de la región de Champagne, ha inventado un biocombustible a partir de residuos de plantas que puede ser inyectado directamente a los motores.

El nacimiento de una nueva revolución industrial.

 

El hombre moderno hoy está viviendo “a crédito ecológico”, pero hay un remedio para esto: la economía circular.

 

Completando los ciclos de materiales, agua o energía, esta economía “alternativa” le permite a la economía real crecer, reduciendo las cantidades que se extraen de la Naturaleza. En la economía circular, los desechos de una persona se convierte automáticamente en recurso para otra persona: esta economía no solo se basa en la recuperación y reutilización, sino también, y aún más importante, permite “volver a crear” la economía.

 

La demanda de materias primas está explotando, como resultado del crecimiento demográfico y del aumento del nivel de vida. Su consecuencia es que los precios se han triplicado desde el 2000. Como todos sabemos, no podemos recurrir a la naturaleza para siempre – ya se pueden sentir una serie de carencias.

 

El valor que tienen las aguas residuales y el aceite de cocina usado

 

Entonces, ¿cómo podemos superar el dilema entre el agotamiento acelerado de los recursos y las crecientes necesidades? Devolviéndole el valor a las cosas que lo habían perdido. Ese es el objetivo de la economía circular. Se basa en una idea sencilla, pero que es complicado ponerla en práctica: liberar a la actividad del ciclo de “Extracción - Fabricación - Desecho” organizando el reciclaje constante de los mismos recursos en un ciclo infinito, o casi infinito. De esta manera, la producción inevitable de calor producida por Big Data se convierte en calefacción urbana, las aguas residuales en bioplásticos, los desechos orgánicos se en fertilizante, el biogás en electricidad y el aceite de cocina usado en biocombustible...

 

El potencial que tiene la economía circular es enorme. Podría ahorrarle al mundo $ 1.000 billones en recursos naturales cada año, según la Fundación Ellen McArthur. De hecho, los residuos procedentes de los países desarrollados constituyen de por sí la fuente de materias primas más grande del siglo XXI.

 

Cuando llegue la escasez, la economía circular permitirá que los actores económicos no sólo garanticen los suministros, sino también que reduzcan sus gastos y generen ingresos adicionales. Ni si quiera que este enfoque surge de las preocupaciones exclusivamente ambientales; para las regiones es un factor en su desarrollo, y para las empresas es una fuente de competitividad y riqueza. En algunos casos, los riesgos son aún mayores, dado que la economía circular puede aumentar la independencia de los países con escasos recursos naturales.

 

Esta economía alternativa ya está en funcionamiento en los sectores de metales ferrosos, papel y vidrio, cuyas tasas de reciclaje exceden el 90% en muchas ciudades. Pero todavía hay mucho por hacer. De los 4 billones de toneladas de residuos que se producen en todo el mundo cada año, sólo 1 billón se recicla; a escala mundial, apenas un 2% de las aguas residuales es reutilizado.

 

Demasiado lento

 

La economía circular se está expandiendo, pero no lo suficiente, y muy lentamente. Existen varias razones:

 

En primer lugar, la clasificación manual de los desperdicios es aún costosa en los países desarrollados. En segundo lugar, el precio del material es muchas veces más caro que la materia prima; por lo tanto, ahí radica la necesidad de ayuda financiera inicial. Por último, las compañías industriales son muy reacias a utilizar materiales reciclados, que consideran como una segunda opción. Para superar su desconfianza, tienen que tener las mismas garantías de calidad, permanencia y regularidad de suministro en comparación con los materiales vírgenes.

 

Si la economía circular llegara a generalizarse, debemos redoblar nuestros esfuerzos en innovación y cooperación. Innovación, porque nos permitirá volver a poner los materiales más utilizados de vuelta en la cadena de producción. Así, después de años de investigación, hemos abierto una planta en Inglaterra capaz de recuperar las partículas de metales preciosos del polvo que sale de los escapes de automóviles, tales como platino, paladio y rodio. Cooperación, porque simplemente transformar los residuos, no es suficiente; también es necesario desarrollar relaciones con clientes que estén dispuestos a comprarlos en forma de materias primas secundarias.

 

Estamos presenciando el nacimiento de una nueva revolución industrial, que le da la bienvenida a la economía circular. Por ser más conservadora y eficiente, la economía circular proporciona un antídoto a la sobreexplotación del medio ambiente y a las previsiones más pesimistas, prolongando el ciclo de vida de las materias primas, el agua y la energía. Nos enseña algo que no es teórico pero que se basa en hechos, que se inspira en la Naturaleza, en donde todo es un recurso. Convirtiendo los residuos en recursos, la economía circular imita a la Naturaleza en términos de cómo funcionan los ecosistemas, y al igual que ellos, busca acabar con el concepto de los residuos. Hace siete siglos, Leonardo da Vinci nos dio este consejo: “Aprende de la Naturaleza, ahí es donde reside nuestro futuro”.